2/2/10

El último día de mi enero.


Entonces vi su carro estacionado en la puerta de mi casa, era un deportivo negro, las lunas oscuras, como él, como sus ojos, irónicamente.
Un año y 4 días han pasado exactamente desde el día en que todo empezó, ese todo que acabó tan rápido y tan mal. No sé que hacer, verlo parado en la puerta de casa fue lo más inesperado que me ha pasado, claro, después de lo que me hizo, aquello tampoco me lo esperé.
Voy rápido hacia mi habitación a cambiarme el camisón por unos jeans y un polo, llevada por un impulso, no pienso, no siento, estoy temblando. Mi hermana me dice: “¿Qué? ¿De verdad es él? Eso quiere decir que aún piensa en ti”, yo sólo pienso cállate.
El pasadizo se me hace larguísimo, pasan un millón de cosas por mi mente mientras doy pasos acelerados casi sin darme cuenta, le digo a mamá: “¡Ya regreso!” y no le presto atención a lo que me responde, en realidad no me importa mucho. Bajo las escaleras.
Entonces me encuentro parada frente a él, frente a su auto, me mira desde el asiento del conductor y me dice: “¿Subes?”. Respiro profundamente con una ligera sonrisa en el rostro y camino hacia el otro lado, tengo las manos en los bolsillos y no sé bien qué decir, pero me alegra, de verdad me alegra que hayas venido, J.
Subo al carro y adentro todo es más oscuro aún, pero debo estar tranquila, tengo que estarlo, de ninguna forma notará lo nerviosa que estoy, lo mucho que mi corazón se ha acelerado. Lleva puesto, extrañamente, un polo de mangas largas, estamos en pleno verano. Sus jeans y su gorra de siempre, pero ahora ha cambiado la blanca que tenía por una negra más seria, se ve interesante pienso. A estas alturas aún imagino que es un mal sueño, o uno bueno, talvez. ¿Por qué me has buscado, J? ¿Por qué ahora? ¿Qué ha pasado en todo este tiempo? ¡Qué lindo verte! Le digo lo que debí decirle aquella tarde de marzo: “Tengo tantas cosas que preguntarte”. Él me mira como siempre, con una sonrisa de lado, como a una niña, como algo inocente e incorruptible, se equivoca, esa ya no soy yo. Me dice: “¡qué linda estás!” Sin embargo nunca me mira a los ojos y él más que nadie sabe por qué no puede. “¿Por qué me hiciste eso? ¿Por qué a mi, J? Yo nunca te hice daño, yo te quería”, “Lo sé, lo sé y me siento muy culpable, no debía hacerlo, jamás debí hacerlo, menos a ti. Todo este tiempo he pensado y pensado en ti, he estado con otras chicas pero siempre te he tenido aquí, nunca me quité el anillo, cada día lo observaba y te veía a ti sonriéndome, tan buena, tan dulce, siempre tú”. No sé si enojarme, si entristecerme o reírme de lo que acaba de decir, no tiene aún la mínima idea de todo por lo que tuve que pasar, de todo lo que me afectó, no se imagina siquiera que necesité de ayuda psicológica, no, él y su ego son así. “Te volví a llamar muchas veces y nunca contestaste, ¿Por qué ni una sola llamada? Ni un solo mensaje, ¿por qué?”, me dijo. Sonreí y le contesté que había apagado ese celular durante seis meses, hablar con él me haría daño y decidí simplemente evitarlo, yo ya no quería seguir llorando por él. Le dije que ahora tenía uno nuevo de otra empresa telefónica y ya ni me acordaba del anterior, no del celular, lamentablemente de él sí, cada día del año que ha pasado, de él sí.
Hablamos mucho, contestó muchas de mis preguntas. Él también estaba nervioso, lo noté cuando quiso estacionarse y chocó con dos árboles, no se fijaba en los rompe muelles y no manejaba bien los cambios. En realidad fue muy gracioso ver ese lado débil de él, que él también es susceptible, que él también puede ser víctima.
“Sólo contigo siento esta paz, esta tranquilidad”, me dijo. Sonreí y me quedé callada, sí, claro, yo soy paz y amor, por ser tan buena cagaste todo, huevón, pensé.
Le iba muy bien en lo de la música, había comprado el carro en el que estábamos conversando hace tres meses y se había concentrado en muchas cosas. Claro que le pregunté por ella y por aquella. Con la primera fue lo que supuse, al mes se había aburrido de su chica bonita. Con la segunda fue un poco más complejo, había vuelto con aquella ilusión infantil para ver qué pasaba y ahora ya lo había comprobado, terminaron rápido y no quería volver a verla. Tanto por tan poco, pensé. Sacrificaste tanto, por eso, J, fuiste tan tonto, sé que nunca encontraste, ni encontrarás lo que yo te di, lo que yo te pude haber seguido dando.
Habían pasado dos horas, pensé que mamá iba a matarme, miró su celular y dijo: “Ya es tarde, ¿no?”, sí, regresamos a casa y le pedí que me dejara una cuadra antes, no quería que mi mamá lo vea, imagino que ella, después de todo, tampoco quería volver a verlo.
Estaba a punto de bajar de su carro, cuando me cogió de la mano, malditas sus manos. Me detuvo y me dijo: “¿Tu crees que podríamos algún día, no sé, salir?” yo pensé mucho en dos segundos y contesté: “Sí, claro”. Iba a abrir la puerta y me dijo: “Oye, ¡tú numero pues!” y nos reímos un rato, es verdad, lo había olvidado, se lo di con una sonrisa en el rostro. Nos miramos así, tres segundos, sonriendo, a los ojos por primera vez en toda la conversación, hasta que él desvió la mirada y dijo que era mejor que regrese a casa, que mi mamá debía estar preocupada. Caminé lentamente y él se quedó estacionado, viéndome. De pronto, volteé y caminé de regreso, él me miraba sorprendido, me acerqué a su ventana y le dije: “Gracias”.
Ya arriba, desde las escaleras vi como el carro avanzaba lentamente hasta perderse a lo lejos. Arriba no se divisaban estrellas, ni luna. La noche estaba oscura, irónicamente.

5 comentarios:

Mundo Paralelo dijo...

me gustó... me hizo recordar a la pelicula "el diario de noah" en una parte, y el final, tanto como el comienzo, tuvieron algo especial.
Muy real y bien escrito.

Jackie* dijo...

Gracias!
Aún no veo la película, según dicen es recomendable. Y sí, es muy real.

Anónimo dijo...

...woao...tierno!aunq le faltó algo de venganza wuajajjaja :)

Genesis dijo...

Tienes ese don para plasmar tus mas profundos pesamientos, tienes esa magia para hacer vibrar con cada uno de tus cuentos...
"No lo pudiste hacer mejor Vela"
Simplemente GENIAL!!

Jackie* dijo...

Gracias, SHALOM, pero en este caso la venganza no es necesaria ;)
Génesis, muchas gracias, sabes que tú tienes mucho que ver con esta entrada, un abrazote.